Organizar la cocina
Quinta gama en hostelería: cómo elegir platos y formatos
Elegir una receta es solo una parte de la decisión. Para que un plato encaje en tu restaurante, también deben cuadrar el tamaño del envase, las raciones que vas a servir y el ritmo de tu cocina.
Borrador editorial pendiente de revisión de Pablo. No publicado.

Empieza por el lugar que ocupará en tu carta
Antes de mirar tamaños, decide para qué quieres la receta. Una carrillada puede ser un plato principal; una pringá, el relleno de varios montaditos. La forma de servir cambia la cantidad necesaria y los acompañamientos. Escribe la propuesta completa: receta, gramaje previsto, guarnición y presentación. Así compararás opciones que respondan a la misma necesidad.
Compara envases, no solo nombres
La quinta gama reúne platos preparados que pueden facilitar determinadas tareas del servicio, pero no todos se suministran igual. En nuestro catálogo profesional cada referencia tiene sus propios formatos. Por ejemplo, la carrillada al Oloroso y al PX aparecen en 250 g y 1,5 kg; la pringá, en 500 g y 1,5 kg. No des por hecho que todos los platos están disponibles en todos los tamaños.
Cruza formato y demanda
Un envase grande puede encajar en un servicio con demanda regular. Un formato pequeño puede facilitar la planificación cuando se pide menos cantidad. La decisión depende de tu rotación, de las raciones y de las indicaciones de conservación tras la apertura. No elijas por una regla general: contrasta el formato con lo que realmente sale de tu cocina.
Pide la información técnica antes del primer servicio
Revisa ingredientes, alérgenos, conservación, condiciones de apertura y modo de regeneración en la ficha de cada referencia. La vida útil indicada en la tarifa no sustituye las condiciones de la etiqueta ni significa que el producto abierto tenga ese mismo plazo. Tampoco deben trasladarse tiempos de calentamiento de un plato a otro sin validarlos.
Haz una prueba con tu equipo
Prueba el plato con la presentación que piensas vender. Pesa la ración, comprueba el resultado con tu equipo y anota el rendimiento observado, las mermas y las tareas que siguen siendo necesarias. Esa prueba ayuda a decidir si el producto aporta valor en tu servicio, más allá de cómo se ve en una fotografía.
Pon números a la decisión
Calcula el coste de la cantidad servida y añade guarnición, pan, envase de reparto si lo hubiera y el resto de gastos que quieras imputar. Compara compra y venta con el mismo criterio de IVA. La diferencia es una estimación: no equivale automáticamente al beneficio neto del negocio.
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